El trabajo es para la vida, por un trabajo sin víctimas.

Seis personas han fallecido como consecuencia de un accidente laboral en la empresa Pirotecnia Zaragozana del 1 de septiembre.  Un nuevo accidente, de especial gravedad, que se  convierte en una muestra más de los miles de trabajadores y trabajadoras que enferman y sufren accidentes en sus puestos de trabajo.

Ante este nuevo suceso de siniestralidad laboral, la Delegación Diocesana de Pastoral Obrera de Zaragoza queremos expresar nuestro dolor y solidaridad con los familiares, allegados y compañeros de estos trabajadores.

Somos conscientes que tras estas muertes hay familias que sufren la pérdida de seres queridos, hay personas con secuelas cuya vida ya no seguirá siendo la misma. Como cristianos nos solidarizamos con todas ellas, pues vemos el rostro de Dios en los que viven estos sufrimientos, tal como nos recuerda Jesucristo en el momento de confrontarnos con el criterio definitivo: “tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis…”.

Pero junto a esta solidaridad, como comunidad eclesial estamos invitados a prevenir las muertes y enfermedades laborales, y atender a las víctimas tendidas en la cuneta como el buen samaritano.

Mucho más, cuando hoy disponemos de medios y tecnología suficientes para remediar casi todas las muertes que se producen en el trabajo y todas las enfermedades causadas en él. Pero es evidente que no hacemos todo lo que podemos.

Desde el criterio evangélico de que más vale una persona que el poder recaudatorio, estamos llamados a exigir no escatimar esfuerzos económicos, profesionales y humanos a la hora de garantizar una mayor atención a las víctimas de accidentes laborales. Pero desgraciadamente observamos que también las partidas de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social se han visto sometidas a recortes, aumentando la desprotección para las víctimas de los accidentes de trabajo y sus familias.

Igualmente los cristianos debemos ejercer la caridad cristiana acompañando a las personas y familias que sufren una muerte o una enfermedad en el campo del trabajo, aunque no podamos hacer otra cosa que repetir la actitud y las  palabras de Pedro:  “No tengo plata ni oro, más lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno” (Hch 3, 6).

Estamos convencidos de que una inmensa mayoría de los accidentes laborales se pueden evitar haciendo cumplir las leyes laborales, suprimiendo las excesivas horas de trabajo, la precariedad, la subcontratación abusiva… Benedicto XVI lo decía así: “Hay que cumplir todos los esfuerzos para que se detenga la cadena de muertes e incidentes. Sin olvidar la precariedad del trabajo, en particular de los jóvenes. Motivo de angustia para tantas familias… Estoy particularmente a vuestro lado y pongo en las manos de Dios todas vuestras angustias y preocupaciones, anhelando que en la lógica de la gratuidad y solidaridad, se puedan superar estos momentos, para que se asegure un trabajo seguro, digno y estable” (Benedicto XVI en Terni).

Delegación Diocesana de Pastoral Obrera de Zaragoza.

accidentes laborales

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