Acompañar la precariedad: de la precariedad a la regeneración laboral y social. Comunicado de las Jornadas de Pastoral Obrera

 Cuando observamos está realidad no podemos olvidar que el desempleo “es consecuencia de un sistema globalizado en el cual el dinero es el ídolo y el único que mandani quedos generaciones de jóvenes no tienen trabajo y así el mundo no tiene futuro” ni que “se descarta a los jóvenes y a los ancianos”[1].

El 29 de marzo de 2014 hemos celebrado las Jornadas Diocesanas de Pastoral Obrera de Zaragoza con el título: “Acompañar la precariedad: de la precariedad a la regeneración laboral y social”. Hemos constatado el sufrimiento “por ver que roban la esperanza, sufrimiento por la falta de trabajo que lleva a sentirse sin dignidad, porque donde no hay trabajo falta la dignidad”[2]. La precariedad nos hiere y nos duele en lo más profundo de nuestro ser personas militantes obreras y cristianas, invitándonos a renovar y recrear nuestro compromiso en favor de la dignidad y los derechos de las personas y familias trabajadoras.

Tras ese dolor encontramos la emergencia de una nueva cuestión social simbolizada en el aumento de la desigualdad socioeconómica. Desigualdad que es fruto de la progresiva reducción de los empleos y de las rentas salariales, así como del imparable ascenso de la precariedad en forma de bajos salarios recortes laborales, sociales y de protección social. Como señala el reciente informe de la Fundación Foessa “Precariedad y y Cohesión Social” la “integración plena, es ya una estricta minoría. Por el contrario, todos los espacios, desde la integración precaria o la exclusión moderada hasta la exclusión más severa han aumentado significativamente”.

Todo ello está suponiendo un enorme empobrecimiento para el mundo obrero que cada día encuentra más dificultades para de satisfacer sus necesidades y derechos más básicos (alimentación, vivienda, salud, educación…) sometidos a la lógica mercantilizadora. Cuestión social  representada, también, por el enorme enriquecimiento de las elites económicas y financieras.

Pobreza y riqueza aparecen como las dos caras de unas reformas que están favoreciendo “ajustes” en el mercado de trabajo, y suponen una amplia transferencia de rentas del trabajo hacia el capital y los beneficios empresariales. Situación que se agrava por una reestructuración del Estado de bienestar, consistente en contener o reducir el gasto público social, y en la privatización de servicios públicos, lo que contribuye a ampliar los procesos de empobrecimiento, segmentación y desvertebración social.

Y las perspectivas no son halagüeñas. La estrategia neoliberal que pone el énfasis en la austeridad y da lugar a una espiral de estancamiento económico, aumento del paro, nuevos recortes laborales y restricciones del gasto continua y pone en peligro los sistemas de protección social, como las pensiones, la protección al desempleo y otras.

También hemos visto que está apareciendo una amplia conciencia popular en favor de la dignidad y la justicia social y una crítica a la legitimidad de unos gobiernos y unos agentes políticos alejados del bien común, que actúan al servicio de los poderes económicos y financieros.

En estas jornadas hemos trabajado, además, dos de las caras en que más se encarna la precariedad: los jóvenes, y las personas en situación de pobreza y marginación.

Todo ello ha hecho que la nueva cuestión social interpele nuestra forma de trabajar y acompañar al mundo obrero. Pero ya no es tiempo de lamentaciones, sino de mirar de frente su realidad y acompañarla en esta dura travesía. Acompañamiento que ha de abarcar esos tres momentos que señalaba I. Ellacruría: “se conoce la realidad cuando, además de hacerse cargo de la realidad (comprensión) y de cargar con la realidad (compasión), uno se encarga de la realidad (compromiso)” y que constituyen un itinerario para avanzar hacia un nuevo orden social, económico y político más justo, desde las víctimas, desde la precariedad.

En ese recorrido algunas prioridades o líneas de acción:

–          Expresar nuestra cercanía, especialmente a las situaciones de sufrimiento[3]

–          Enfrentar con solidaridad e inteligencia este desafío histórico: ¡Coraje![4]

–          Luchar para que en el centro de nuestra vida esté el hombre y la familia.

–          Reformular la relación con los movimientos sociales, situando el trabajo como eje de la explicación de la desigualdad social y la mercantilización de la existencia.

–          Repensar y construir un modo de estar en el trabajo; es necesario potenciar el compromiso en el trabajo y reinventar formas de acción sindical en la empresa

–          Repolitizar de forma democrática la acción sindical en los lugares de trabajo.

–          De una forma más concreta, invitamos a oponerse al proyecto de reforma del Ingreso Aragonés de Inserción, que consideramos una ley injusta que atenta contra las familias que peor lo están pasando y que han sido expulsadas del mundo laboral, dificultando el acceso a este derecho y disminuyendo su cuantía.

–          Etc.

Invitamos a los grupos, movimientos y comunidades que trabajan en Pastoral Obrera a hacer suyas, impulsar y enriquecer estas líneas, así mismo las trasladamos al conjunto de la Iglesia diocesana que estos cursos está reflexionando, en el marco del Plan Pastoral, acerca de la parroquia evangelizadora, y puede encontrar en ellas un estímulo. Y lo hacemos teniendo presentes las palabras del Papa Francisco: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 33)”.

Concluimos las jornadas haciendo nuestra la oración del Papa sobre el trabajo:

Señor Dios, míranos. Mira a esta ciudad…, mira a nuestras familias. Señor a ti no te ha faltado el trabajo, has hecho de carpintero y eras feliz, Señor nos falta el trabajo. Los ídolos quieren robarnos la dignidad, los sistemas injustos quieren robarnos la esperanza, Señor no nos dejes solos, ayúdanos a ayudarnos entre nosotros y que olvidemos un poco el egoísmo y centremos en el corazón el ‘nosotros’, nosotros el pueblo que quiere ir adelante.

Señor Jesús que no falte un trabajo, dadnos trabajo y enséñanos a luchar por el trabajo y bendícenos a todos nosotros. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Zaragoza, 29 de marzo de 2014

[1] Discurso del Papa Francisco a los trabajadores en Cerdeña

[2] ibidem

[3] ibídem

[4] ibídem

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