OIT: Prevenir una crisis mayor de empleo

Con este significativo título se ha presentado recientemente el informe “Tendencias mundiales del empleo 2012”, de la Organización Internacional del Trabajo y en cuya presentación Juan Somavia, director general de la OIT, señaló que “la crisis del empleo no disminuye y uno de cada tres trabajadores en el mundo – cerca de 1.000 millones de personas – está desempleado o vive en la pobreza” y que “la creciente desigualdad y la continua exclusión que sufren millones de trabajadores y sus familias a nivel mundial” añadiendo que “lo que se precisa ahora es que la creación de empleo en la economía real se convierta en nuestra mayor prioridad”, con una atención especial a la juventud, un colectivo especialmente afectado por la crisis. Finalmente señaló que la recuperación de la crisis “dependerá, en última instancia, de la efectividad de las medidas políticas. Y las medidas políticas son efectivas cuando surten un efecto positivo en la vida de la gente”.

Algunos datos e ideas del Informe:

  • El mundo se encuentra ante un grave problema de desempleo y déficits generalizados de trabajo decente. Para generar un crecimiento sostenible y al mismo tiempo mantener la cohesión social, el mundo debe asumir el desafío urgente de crear 600 millones de puestos de trabajo productivos en el próximo decenio. Aún así, quedarán 900 millones de trabajadores que viven con sus familias con unos ingresos inferiores al umbral de pobreza de 2$ por día,
  • La crisis castiga con especial dureza a los jóvenes.  En 2011, 74,8 millones de jóvenes en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años estaban desempleados, 4 millones más que en 2007, con una tasa de desempleo juvenil mundial, del 12,7. Los jóvenes tienen casi tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos. Además, se estima que 6,4 millones de jóvenes han perdido las esperanzas de encontrar trabajo y se han apartado del mercado de trabajo por completo. Incluso quienes tienen empleo tienen cada vez más probabilidades de encontrarse trabajando a tiempo parcial, a menudo con un contrato temporal. Hay pocas esperanzas de una mejora sustancial del panorama laboral de los jóvenes a corto plazo.
  • El desánimo de muchas personas enmascara una situación de desempleo mundial aún peor. Según cálculos de la OIT, cerca de 29 millones de personas (6,4 millones de jóvenes y 22,3 millones de adultos) están “desanimadas”, por lo que no cuentan en los datos de la fuerza de trabajo y han provocado una brusca caída en la relación empleo-población, que ha descendido un punto entre 2007 y 2010, pasando del 61,2 al 60,2 %. Si estas personas decidieran volver a estar disponibles para trabajar y buscar empleo, el número de desempleados superaría los 225 millones.  Por lo que respecta a las economías desarrolladas y la Unión Europea, este “desanimo” provoca 6 millones menos de personas en la fuerza de trabajo, lo que hace que la tasa de desempleo de esta zona sea del 8,5 % en vez del 9,6 %.
  • A nivel mundial, se ha avanzado en la reducción de la pobreza extrema entre los trabajadores, pero la pobreza se mantiene extendida. En 2011 había 900 millones de trabajadores pobres, de los cuales unos 456 millones vivían en situación de pobreza extrema, con unos ingresos inferiores al umbral de 1,25 $ por día. A pesar de la gravedad de estas cifras cabe resaltar  que son 233 millones menos que en 2000, y 38 millones que en 2007. Mejoría que se concentra, en buena medida, en Asia Oriental, particularmente en China, donde el rápido crecimiento económico contribuyó a que el número de trabajadores pobres se redujera en 158 millones desde 2000, y en 24 millones desde 2007. Más preocupante es la tendencia al incremento del número de trabajadores pobres en comparación con las proyecciones efectuadas antes de la crisis, ya que el Informe estima que en 2011 había 55 millones más, en comparación con lo previsto.
  • El empleo vulnerable ha aumentado en 23 millones de personas desde 2009. A nivel mundial, se estima en 1.520 millones el número de trabajadores en situación de vulnerabilidad en el empleo en 2011, un incremento de 136 millones desde 2000, y de casi 23 millones desde 2009, si bien la situación presenta bastantes diferencias entre unas zonas y otras, con menor impacto en Asia Oriental y Europa, y mayor en América Central y del Sur, África subsahariana y Asia meridional, y con mayor impacto entre las mujeres que entre los hombres.
  • Los mercados de trabajo mundiales muestran escasa mejoría, y que  la economía mundial ha reducido drásticamente su capacidad para crear nuevos empleos, señalando como causa “el bucle de retroalimentación negativo entre el mercado de trabajo y la macroeconomía, en particular en las economías desarrolladas: el elevado desempleo y la baja tasa de crecimiento salarial están reduciendo la demanda de bienes y servicios, lo cual perjudica más la confianza de las empresas, que dudan en invertir y contratar”. Una recuperación sostenible, en los países en desarrollo, requiere romper esta lógica.  Respecto a los “países en desarrollo” la OIT apuesta por cambios en los estructuras económicas que permitan incorporar actividades de mayor valor añadido y con un incremento sustancial de la productividad de los trabajadores, debiendo ir ello acompañado por un mejor, o más justa, distribución de los beneficios económicos que se generan, algo que requerirá necesariamente “mejorar más la educación y el desarrollo de las calificaciones, aplicar regímenes de protección social adecuados que aseguren un nivel de vida elevado para los más vulnerables, y un mayor diálogo entre los trabajadores, los empleadores y los gobiernos”.
  • Las previsiones para este año son negativas, y se prevé que el crecimiento mundial se debilitará en 2012. La inestabilidad del sector financiero y las primas de riesgo en ascenso debido al panorama incierto respecto de la deuda soberana han limitado el acceso del sector privado al crédito y han ensombrecido el ánimo de los empresarios y los consumidores. Considera, además, que la adopción de mayores medidas de austeridad para tranquilizar a los mercados de capital y la persistencia del elevado nivel de desempleo aumentan las posibilidades de una nueva y peligrosa etapa de la crisis, que se caracterizaría por una nueva caída del crecimiento y el empleo en las economías avanzadas, agravando aún más la situación del mercado de trabajo.  Perspectivas negras que se ven reforzadas por otros hechos, como:
  • El menor margen de maniobra de los gobiernos, que han centrado sus esfuerzos en rescatar a los bancos – en algunos casos, hasta el 90 por ciento del gasto público adicional– sin conseguir reanimar una industria financiera, que sigue en situación de riesgo extremo, sin conceder préstamos a la economía real, y ahora ven limitada su capacidad para ejecutar programas de estímulo, debido a su endeudamiento en ese fallido salvamento.
  • La depresión de las inversiones que continúa y perjudica la creación de empleo, una dificultad que en las economías avanzadas y en Europa Oriental, tiene que ver con esos problemas sin resolver en el sector financiero, el alto nivel de inseguridad de las perspectivas mundiales y el retraimiento del consumo por parte de los hogares.
  • La persistencia de desequilibrios estructurales que están haciendo retroceder las tendencias de crecimiento del empleo a medio plazo; en concreto, el espectacular auge de los sectores inmobiliario y financiero, debidos a los excesos de liquidez, y que provocaron una asignación errónea de recursos y problemas estructurales en el mercado de trabajo, que es probable tarden en ser resueltos plenamente, pues requieren de  una redistribución más rápida de los puestos de trabajo y de los trabajadores en toda la economía y, a su vez, un crecimiento más rápido del empleo.

A pesar de ese pesimismo, la OIT propone medidas para salir de la situación, en concreto,

  • Coordinar las políticas a escala mundial con mayor firmeza, en particular  a través de medidas fiscales coordinadas para apoyar la demanda agregada mundial y estimular la creación de empleo.
  • Reparar y regular el sistema financiero, abordando una reforma del mismo que, entre otras cosas, amplíe los márgenes de seguridad, endurezca las normas para los flujos financieros internacionales, esto beneficiaría a las empresas, especialmente las pymes y favorecería de modo decisivo al mercado de trabajo.
  • Medidas de estímulo del empleo, alentando al sector privado para que invierta, sin comprometer la estabilidad fiscal. La OIT considera necesario un crecimiento de la inversión de dos puntos del PIB mundial para corregir “la brecha del empleo” abierta por la crisis. Crecimiento que debe combinar adecuadamente la intervención del sector público con la del sector privado. Desde el primero, además de medidas fiscales coordinadas, hay que reevaluar las políticas activas y pasivas de empleo para seguir utilizando aquellas que han demostrado más eficacia en términos de creación de empleo y de mejora de los ingresos de la población, mientras que para que el sector privado tenga una recuperación “fuerte y sostenible en el empleo” será necesario, “prever incentivos para que las empresas inviertan en instalaciones y equipos, y para que amplíen sus plantillas”. La OIT apuesta, en suma, por medidas de estímulo que no aumenten la deuda pública y que permitan un gasto público acorde con los incrementos de renta, ya que ello puede servir de estímulo a la economía real, gracias a los multiplicadores de presupuesto equilibrado.

 

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