CUARESMA: Algunas conversiones desde una mística de ojos abiertos

Cuaresma es tiempo de conversión y, por tanto, de ocuparnos de nuestra relación con Dios. Un ejercicio habitual es el de cerrar los ojos y mirar a nuestro interior recordando tantos desencuentros e infidelidades con Él, convencidos de que nos perdona porque es “lento a la cólera y rico en misericordia”. Éste es un primer momento de conversión que podemos llamar “mística de ojos cerrados”; esto es, búsqueda de Dios en nuestro propio corazón, en la intimidad necesaria en todo encuentro humano verdadero: “la llevaré al desierto y hablaré a su corazón… y ella responderá allí como en los días de su juventud” (Os 2, 16). Es tiempo propicio para dejarnos seducir por Dios en el desierto, para volver a las fuentes, para volver a la fidelidad primera.Ver artículo publicado en iglesia en Zaragoza

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